¿Es la quimioterapia un tratamiento agresivo y perjudicial?

Marcelo J. Fleischer
Mariana L. Moyano

Indicar un tratamiento netamente perjudicial, del que no se esperan beneficios que justifiquen sus efectos adversos, es equivalente a violar el principio más sagrado de la práctica médica: “primero, no dañar”.

Ningún médico en sus cabales provocaría deliberadamente un daño gratuito a su paciente. Ahora bien, las consecuencias indeseables de un tratamiento no siempre pueden ser eludidas, y en ocasiones constituyen el precio inevitable de la curación. Ciertos problemas oncológicos exigen quimioterapia por las mismas razones que una extensa gangrena exige la amputación del miembro afectado: en primer lugar, porque así el paciente salva su vida.

No obstante, que la vida esté en juego no parece ser un dato importante para quienes, en tales circunstancias, acusan al médico de inhumano por ofrecer soluciones imperfectas, asociadas a un costo físico (casi siempre transitorio) que consideran inaceptable. Abunda esta clase de ideólogos tan ignorantes como irresponsables; ellos deben su predicamento, en parte, a la confusión que reina en momentos de temor y sufrimiento. Pero tomarlos en serio puede ser letal, o derivar en daños irreparables.

Es comprensible el rechazo que puede suscitar la quimioterapia por parte de quienes a ese tratamiento deben la vida, si nadie se ha tomado el trabajo de explicarles las consecuencias de no hacerlo, ni los síntomas desagradables que puede ocasionarles. Por eso, el médico que omite la explicación clara del balance entre, por un lado, riesgos y efectos secundarios, y por otro lado beneficios terapéuticos (en términos de sobrevida y calidad de vida), es cómplice de la estupidez y hace daño a su modo.

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Equipo Médico de Centro Médico Fleischer.
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