¿Cuando se diagnostica un cáncer otros problemas de salud pasan a un segundo plano?

Marcelo J. Fleischer
Mariana L. Moyano

Es importante reconocer a este mito -en realidad más aceptado que proclamado- como tal, por cuanto las creencias que implica respaldan acciones y omisiones tan generalizadas como perjudiciales.

Lo cierto es que las terapias utilizadas para tratar el cáncer suelen exigir al paciente unas mínimas condiciones de salud: el deterioro de la función cardíaca, hepática o renal causado por enfermedades previamente diagnosticadas puede representar un obstáculo, en ocasiones infranqueable, para la indicación de tratamientos oncológicos. Por otro lado, los malestares que ciertas enfermedades provocan se sumarán a los efectos secundarios propios del tratamiento oncológico.

A la hora de enfrentar el cáncer cobra especial relevancia el adecuado control de problemas de salud tales como diabetes, hipertensión, hipotiroidismo, hipercolesterolemia (altos niveles de colesterol en sangre), obesidad y cardiopatías, entre otros. En efecto, desatender las enfermedades concurrentes no sólo puede incrementar el riesgo de padecer infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal y muchas otras complicaciones previsibles; al restringir las posibilidades de iniciar o completar tratamientos oncológicos, ensombrece las expectativas de curar o controlar el cáncer.

Merece una mención especial el tabaquismo, pues tiene relación causal directa con el cáncer. Abandonar el hábito de fumar tabaco disminuye considerablemente el riesgo de padecer severas e impredecibles complicaciones pulmonares, cardíacas, vasculares y neurológicas, así como nuevos tumores y sus respectivas dificultades para un eventual tratamiento. (Para más información acerca del tabaquismo haga click aquí)

La expectativa de vida de un paciente oncológico es mayor –en promedio– que, por ejemplo, la de un paciente con insuficiencia cardíaca. Sin embargo, por algún motivo, pacientes y familiares tienden a centrar su preocupación exclusivamente en el cáncer, aún en casos de pronóstico inmejorable (cuando las probabilidades de lograr la curación definitiva son altísimas).

A pesar de los riesgos y, en ocasiones, el evidente deterioro que conllevan otras enfermedades diagnosticadas, éstas no suelen alarmar tanto como el más inofensivo de los tumores. Quizás porque reclaman virtudes menos apreciadas que la intrépida valentía (normalmente asociada a la “lucha contra el cáncer”), a saber: paciencia, equilibrio, temple, constancia.

Nunca será suficientemente subrayada la importancia del coraje y la buena disposición anímica en el paciente oncológico, pero de nada sirve la más firme de las voluntades cuando se ignoran los límites objetivos a la recuperación.

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Equipo Médico de Centro Médico Fleischer.
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